En estas últimas semanas se han celebrado varias pruebas de resistencia como el Maratón de Barcelona, Maratón de Roma, ultras de montañas... así que me surge natural una reflexión.
Empecé a vivir el deporte de resistencia en los primeros años 90; en la época aún no existían tecnologías aplicadas al deporte. Solo el uso de las primeras bandas de pulsómetros, muchas veces no exactas porque cogían las pulsaciones del corredor a tu lado... así que nuestros 'maestros' nos enseñaron a escuchar nuestros cuerpos y los mensajes que siempre envían. En una era dominada por relojes GPS, potenciómetros, pulsómetros y métricas cada vez más sofisticadas, puede parecer que el rendimiento deportivo depende exclusivamente de los datos. Sin embargo, en los deportes de resistencia —como el triatlón, el ciclismo o la carrera a pie de larga distancia— existe una herramienta igual de poderosa, más antigua y siempre disponible: LAS SENSACIONES.
Pasó la prueba, error del pulsómetro, todo estaba bien. Seguimos entrenando con RPE de referencia. Ahora el nuevo reloj no marca más de 130 ppm corriendo, aunque haga series, así que nos pasa exactamente lo contrario. Para la plataforma, el análisis sale que tendría que entrenar más cuando ya va cargado. Sin tener en cuenta que los dispositivos pueden fallar: baja batería, lectura del sensor que no funciona, calor, humedad, altitud; a veces les vuelven locos. Otro aspecto a tener en cuenta es que los dispositivos no 'saben' el día que hemos tenido: estrés en el trabajo, problemas familiares, noches sin dormir... todo influye en nuestro rendimiento. Así que entrenar por sensaciones nos permite ajustar el ritmo al momento del entreno, según me encuentre ese día en ese momento.
La percepción de esfuerzo (RPE) es fundamental, acompañada o no de la tecnología. Hay días que pido a mis atletas entrenar sin mirar el reloj, 'adivinando' el ritmo por sensaciones y luego comprobar si están muy cerca o no de conocerse y reconocer el ritmo. Con el tiempo, el deportista aprende a escuchar señales que le marca el cuerpo para reconocer los diferentes ritmos de carrera o nado o ciclismo.
Mis atletas están 'cansados' de escuchar la palabra clave de la resistencia: GESTIÓN DE LAS ENERGÍAS. Dosificar, ajustar, ralentizar si es necesario para no explotar antes de tiempo. Y apretar cuando sentimos que hemos gestionado bien. Esto me permitió terminar el ULTRATRISPAIN, Ultraman.
Aquí entra en juego la conexión mente-cuerpo. Cuando la mente se aburre o se detecta cansancio, puede enviar mensajes negativos que no son realmente lesiones, sino falta de capacidad de adaptarse al dolor, al sufrimiento y la superación. Es muy fácil caer en el bucle: ¿Qué hago aquí?, ¿por qué me someto a estos desafíos?, ¿son demasiadas horas?, ¿puedo hacerme daño?, ¿vale la pena?, ¿es realmente para mí?, etc. Hay que distinguir una señal de alarma real de una señal de 'queja' (también normal, pero no es peligrosa).
Resumiendo, no quiero decir que la tecnología no sea útil. De hecho, nos hace el trabajo más fácil a los entrenadores, pero mi opinión es que el equilibrio correcto sería integrarla de manera productiva e inteligente. Los datos son una guía a la hora de planificar, analizar progresos, pero no utilizar solo estos. Enseñar a nuestros atletas a conocerse y reconocer las señales del propio cuerpo les ayudará no solo como deportistas, sino como personas en un mundo donde 'aprovechar' nuestras cualidades mejora nuestra calidad de vida. At least, but not last: a los técnicos: personalizar la relación: hablar con vuestros atletas, escucharles, encontrar el método mejor para cada uno. Os llenará de orgullo porque os aseguro que los retos se cumplen trabajando en equipo y creando confianza en uno mismo. Creer es crear. Mi experiencia personal me ha ayudado a crecer y el deporte me ha dado valores que nunca hubiese llegado a desarrollar.
Aprender a entrenar por sensaciones hace que el atleta se sienta más autónomo y así más fuerte.

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