COMO TRANSFORMAR LAS EMOCIONES EN ADRENALINA EN COMPETICION

 El pasado 6 de junio estaba inscrita, por gentileza de mi amigo Iván, al triatlón de media distancia de Infinitri en Burriana. 

La inscripción se hizo en octubre de 2025, cuando mi vida aún era completa. Mi marido a mi lado, la escuela de triatlón TriCalafell y mucha esperanza de poder seguir muchos años más ganándole tiempo a la enfermedad que atacó a Toni. Realmente hemos luchado con todo y contra todo. Me permito decir 'hemos' porque yo viví con él cada día de estos largos tres años. 

¿Qué puedo decir que ya, quien me conoces, no sepas? Seguir viviendo, cuando mi alma gemela no está, cuando mi vida entera era por y para él, se me ha hecho un mundo desde ese 2 de febrero 2026. Marcó mi vida para siempre. Toni es el amor de mi vida; tuve una inmensa suerte en conocerle en el desierto y que él me escogiera como compañera de vida. Le amo, le admiro, le adoro cada día de mi vida y así seguiré haciendo hasta mi último día en esta dimensión. Con muchas ganas de volver a encontrarme con él. Porque con él a mi lado, todo es mejor. Este último año ha sido complicado porque, aparte de tener que asistir al avance de su enfermedad, no tuve la válvula que siempre me ha ayudado en los momentos difíciles de mi vida: el deporte. El pasado 23 de junio de 2025 sufrí un accidente donde se lesionó por fractura el dedo gordo del pie izquierdo y esto me ha impedido poder entrenar la carrera y el ciclismo por muchos meses. La carrera aún no he vuelto a practicarla por dolores que siguen estando muy presentes. 




No tenía idea de cómo enfrentarme a este evento deportivo. Claramente sabía de no poder presumir de competir. Debía valorar si ir; debía valorar si empezarlo; debía valorar si abandonar en el run. Lo único que pensaba era en lo que me diría Toni; en lo que me aconsejaría hacer; en lo que con su calma y capacidad de resiliencia me enseñaría. Le daba vuelta una y otra vez sin sacar una conclusión. 

Estando inscrita junto a Iván y otro atleta que entreno, la idea era de bajar igualmente y luego decidir sobre la marcha. En estos últimos 19 años de mi vida siempre he tenido a Toni a mi lado en todas las locuras que se me ocurrieron. Nunca tuvo un NO para mí; era mi primer 'fan' y siempre apoyaba mis aventuras. A costa de sacrificar su tiempo y quedarse sin entrenar para seguirme por todo el mundo. 

Llegar a Burriana fue fácil, pero recoger el dorsal e ir al hostal fue difícil porque no pude compartirlo con Toni. Mi instinto era llamarle para contarle el dorsal que me tocó, para describirle el mar movido, la temperatura del agua o cómo era la habitación de la casa de colonias que adhirieron al hostal para los atletas. Hay cosas que me bloquean: como qué número poner de emergencia . Siempre ha sido él, Toni. Mi salvador, mi apoyo, mi lugar favorito . Y ahora, no tengo a quién poner en mi agenda como número de emergencia. Estos pequeños baches me destrozan, me hunden en la miseria y me 'comen' las fuerzas. 

Por eso realmente no sabía cómo y cuánta fuerza podría tener para intentar hacer esta prueba. 

Como siempre enseño a mis atletas y intento transmitirles, no hay que infravalorar una prueba que dura tantas horas. No quería parecer 'sobrada' o 'arrogante' poniéndome en la línea de salida, a pesar de no haber entrenado en los últimos meses. 

Decidí igualmente dejar el material en box, como si fuera a hacer la prueba.Y, según las sensaciones, decidiría.

No me sentía capacitada para acabar la prueba. Sé lo que significa hacer una media distancia, tengo mucha experiencia y también soy consciente de que cada año tengo un año más y que mi cabeza había 'gastado' muchísimas energías nerviosas durante estos tres años. 

La humildad de Toni y su resiliencia me ayudaron mucho. El viernes no les di más vuelta, cenamos y a dormir. 

Suele dormirme hablando con Toni y me despierto empezando el día de la misma manera, conversando con él. Le pregunto que me envíe señales de que sigue conmigo y debo ser sincera, su presencia es muy fuerte aun en mi día a día. 

Me fui al box a dejar todo el material, me puse el neopreno después de 1 año y me sorprendí de que aún me fuera bien. El mar estaba bastante movido, pero debía gestionar los nervios yo sola. 

Resumiendo, la idea era nadar, hacer el ciclismo a toda y luego dejar la prueba en la primera vuelta de 7 km. 

Empecé nadando con mucha calma; la falta de práctica con el neopreno y de nadar en el mar me hizo arrancar con tranquilidad en segundo plano. Fue una natación bastante entretenida. A pesar de las olas, de la corriente y de beber agua salada, me lo pasé bastante bien. Cogí la bici y empecé a pedalear a mi máximo potencial de ahora. No tengo Garmin, no tengo potenciómetro; mi bici de triatlón tiene 11 años. Así que me moví por sensaciones. Solo eso. Debía recorrer 4 vueltas de 21 km y empecé a pasar gente y las emociones aumentaban; la sensación de que TONI me estuviera empujando era muy fuerte. Le preguntaba si pudiera guiarme y si seguiría a mi lado, como siempre hacía en mis competiciones. Y así sentía que estaba haciendo. 

Terminé la fracción de ciclismo con buenas sensaciones y feliz porque estaba en carrera, con un dorsal y, a pesar del dolor y del vacío, tenía una sonrisa sobre mi cara. Mi pasión siempre vuelve. Al cargar, mi pasión por el deporte siempre me ayuda; mi pasión siempre es terapia. 

Bajé de la bicicleta y os comento un detalle. No había puesto las plantillas en las zapatillas porque estaba convencida de terminar pronto el correr. Pero hice 1 km hablando con Toni: le dije: "Tú decides". Si hago una vuelta, dos o intento acabar las tres. 

Y Toni, km tras km, me estaba acompañando con sus ánimos, con sus gritos, con sus sonrisas. Estaba ahí, conmigo. Estaba en mi cabeza, en mi corazón, en mis entrañas. Y me acompañaba de la mano km después km. El dolor al pie era fuerte y molesto, pero Toni estaba ahí. Cada pisada, cada punzada de dolor me decía que no tenía derecho a quejarme de ese dolor físico después de haber asistido al dolor tremendo de mi marido sin una queja. Toni nunca se quejó: de los tratamientos, de los dolores físicos, del cansancio, del miedo, del final, de la desesperación, de la rabia por un destino cruel. Nunca dijo nada. Nunca se sintió menos afortunado. Siempre me decía que se sentía muy afortunado para poder aguantar un tratamiento tan duro y seguir conmigo. Siempre su actitud luchadora y resiliente son las imágenes clavadas en mi corazón . Así que, a pesar del dolor físico, seguía. A pesar de no saber cómo apoyar el pie, lo hacía y, paso tras paso, cubría los km que faltaban. Una vuelta, segunda vuelta y a la tercera entendí que el amor de Toni era ahí, estaba conmigo y me estaba dando una fuerza increíble para seguir corriendo hasta la meta. Toni decidió, Toni me empujó, Toni me animó, Toni me sostuvo, Toni no permitió que me viniera abajo. Me dijo que yo podía con eso y mucho más. Me enseñó que, cuando pensamos que lo hemos dado todo, aún tenemos mucho por dar. Toni es mi inspiración. Toni es mi ídolo. Mi héroe de cada día. Toni es el ser humano más altruista, generoso, intraprendente y creativo que haya conocido. Necesitaba sentir que estaba orgulloso de mí. Necesitaba sentirlo conmigo. Toni y yo. Yo y Toni . Juntos hasta el final. Y más allá de ello. Agradecida de haber terminado esta prueba porque me ha demostrado que el amor sigue, solo se ha transformado, pero que nada ha cambiado. Toni sigue siendo el impulsor de mis resultados, el mayor apoyo que tengas y el hombre que escogería una y mil veces más. Y ahí, en Burriana, me he demostrado una vez más que la cabeza puede mucho más que el cuerpo. Que la cabeza manda sobre el cuerpo, que la cabeza cuando decide algo, el cuerpo le sigue. Que la cabeza es el artífice de muchos dramas inexistentes o de logro inmenso. Todo está en nuestra cabeza y visualizar nuestro objetivo ya empieza a hacerlo real. Así que toca entrenar no solo el cuerpo, sino también la cabeza y enseñarle a 'gestionar' los pensamientos negativos, crearle trampas y concentrarnos en lo positivo, en lo fructífero. 

La vida es una aventura de roller coaster; sube y baja sin pedir el permiso, y nosotros solo podemos adaptarnos y seguir la onda que nos propone. Luchar no sirve, hay que aceptar y adaptarse a la realidad. Toni es el centro de mi mundo y así seguirá hasta el final de mis días. Gracias por demostrarme una vez más de lo que eres capaz. Tú, amore mío, seguirás haciendo grandes cosas. 

Yo, por mi parte, no creo que volveré a competir en triatlón; el pie duele demasiado, pero sí, seguiré intentando honrar la memoria de Toni y transmitir sus valores y sus esfuerzos. 

Hoy ,2 de agosto, son 6 meses sin Toni físicamente a mi lado; su sonrisa, sus ojos, sus manos y sus abrazos se echan mucho de menos aquí abajo. Pero ya tengo próximo objetivo: curso nivel III FETRI. Toni quería que lo hiciera, y con mucha ilusión lo empezaré en septiembre. 

Compartir conocimientos, experiencias y cumplir con los objetivos de mis atletas será el nuevo motor de mi vida. Toni me acompañará siempre, día tras día. Y yo buscaré la manera de honrar su memoria. 


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